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¿Recuerdas aquel poema de García Lorca que recitábamos en la escuela?
Había un verso que decía: 'Tarde sin mañana, y mañana sin tarde.' Hace un momento, al pasar por la antigua escuela, me crucé con algunos estudiantes.
Hablaban sobre sus clases de mañana. En ese instante, aquellos versos cobraron un nuevo significado.
Recuerdo cómo nuestro profesor explicaba ese pasaje: no valoramos el presente hasta que se convierte en pasado.
Últimamente todos comparten versos de Antonio Machado, y no sé cómo describir esa sensación que tuve en la esquina.
En nuestra juventud, solo veíamos en 'Campos de Castilla' paisajes y naturaleza. Ahora entiendo el peso de 'caminante, no hay camino, se hace camino al andar.'
Entonces creíamos que la juventud era eterna. Ahora comprendo el valor de 'La primavera besaba suavemente la arboleda.'
Como dice el poema: 'Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!'
Neruda escribió: 'Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.'
En la noche, cuando los recuerdos de la niñez vuelven repentinamente, como olas del tiempo,
Comprendo que aquellos cuarenta y cinco minutos de clase eran su vida épica,
Sus sueños no realizados, sus pesares no dichos, su destino inconcluso.
Así, todas estas verdades profundas,
Los caminos que debemos recorrer,
Ya estaban escritos en sus versos,
Y nos hemos convertido en el eco de sus palabras,
Aunque entonces todo nos parecía común y corriente.
Había un verso que decía: 'Tarde sin mañana, y mañana sin tarde.' Hace un momento, al pasar por la antigua escuela, me crucé con algunos estudiantes.
Hablaban sobre sus clases de mañana. En ese instante, aquellos versos cobraron un nuevo significado.
Recuerdo cómo nuestro profesor explicaba ese pasaje: no valoramos el presente hasta que se convierte en pasado.
Últimamente todos comparten versos de Antonio Machado, y no sé cómo describir esa sensación que tuve en la esquina.
En nuestra juventud, solo veíamos en 'Campos de Castilla' paisajes y naturaleza. Ahora entiendo el peso de 'caminante, no hay camino, se hace camino al andar.'
Entonces creíamos que la juventud era eterna. Ahora comprendo el valor de 'La primavera besaba suavemente la arboleda.'
Como dice el poema: 'Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!'
Neruda escribió: 'Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.'
En la noche, cuando los recuerdos de la niñez vuelven repentinamente, como olas del tiempo,
Comprendo que aquellos cuarenta y cinco minutos de clase eran su vida épica,
Sus sueños no realizados, sus pesares no dichos, su destino inconcluso.
Así, todas estas verdades profundas,
Los caminos que debemos recorrer,
Ya estaban escritos en sus versos,
Y nos hemos convertido en el eco de sus palabras,
Aunque entonces todo nos parecía común y corriente.
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